Stories, selfie, emoticono… ya tenemos toda una variedad de palabras que nos sirven para poder expresarnos digitalmente. Compartir, dar like…se trata pues de un lenguaje inclusivo con la tecnología que cada vez está más presente en nuestra realidad.

Pero en palabras de Regis Débray, vivimos en un mundo de la imagen, en una época de la videoesfera, marcada por el mundo audiovisual y no solo por el compartir información. En ese sentido, cabe diferenciarla en gran medida de la época en que apareció la imprenta así como aquella en la que apareció la fotografía analógica.

Quizás la tecnología más allá de todas las ventajas que nos ha traído, ha hecho resurgir un fenómeno cultural como el poder de la imagen; algo que estaba muy presente en las culturas milenarias. Pues estas imágenes han devuelto a nuestro mundo su status de verdad, en un momento en que nuestra realidad está marcada por la posverdad y las fake news.

Sin embargo, hay una ambigüedad en ello, pues la imagen se caracteriza por mostrarnos simultáneamente la realidad y las ficciones que la rodean. Así pues, a veces se rompe su carácter referencial. Programas digitales como Photoshop, Afterlight o VSCO desmotan este mito de la transparencia fotográfica de la imagen y nos hacen cuestionar aquella autenticidad que en apariencia restaura en un primer momento. Las redes sociales, los medios de comunicación o la prensa escrita han acentuado este carácter de artificio de la imagen editada o retocada.

Pero también a nivel político, la retórica de la imagen toma mucha importancia. La presencia del objetivo ha transformado las maneras en que funciona la política hoy en día. Mucho más centrada en la performatividad que en su carácter operativo, los políticos resultan estar más preocupados en la actualidad en cómo hacen sus discursos que en el contenido de los mismos. La parte estrictamente administrativa que antaño había, ha sido considerablemente reducida a su carácter más espectacular, de forma parecida al modo en que los políticos hacían uso del discurso socrático en la antigua Atenas.

A todo ello, desde flashes de cámaras fotográficas a mítines políticos televisados, Baudrillard expone en su libro Cultura y simulacro (1978) el concepto de simulacro para hablar de toda esta posmodernidad en cuestión. Este concepto nos sirve para hablar de la condición posmoderna donde la realidad es sustituida por un homólogo, que ejerce una función de realidad. De modo que el individuo posmoderno, deja de vivir en la realidad de antaño y pasa a vivir en una simulación, conformada por todo un mundo multimedia, cultural y social que genera una nueva atmósfera, diferente a la que anteriormente había.

Ya en Baudelaire, como podemos ver en El pintor de la vida moderna, podemos observar como el poeta francés, claro defensor de la modernidad, se opone al invento de la fotografía, como ocurre con muchos otros que ven en este artefacto algo de extravagante. Pero sin embargo, su popularización se acabará produciendo rápidamente durante la década de 1820, confirmando lo que muchos creían que era un invento que debía llegar.

El ingenio humano que hay detrás de esta nueva tecnologías, es la de una mente visionaria que quiere llegar más lejos de lo que se ha llegado ya, de un modo parecido tal vez a la primera avioneta que creó Leonardo da Vinci. En ese sentido, cabe destacar esta parte de nuestra naturaleza humana que siente una voraz necesidad de seguir creado y evolucionando.

Y quizás, la aparición de la fotografía digital tendrá ese impacto que tienen los grandes descubrimientos con los años. Lo que parece imposible no obviar es que esta nueva forma de comunicarnos a través de las imágenes, ha generado nuevas formas de conectividad que permiten al mundo estar más comunicado entre sí que nunca.

Esta nueva forma de comunicar ha movilizado asimismo, nuevos espacios sociales que antes no entraban en el plano de la comunicación: como es el mercado, la economía o la moda más actual (el antiguo prêt-à-porter). Y estos espacios, a su turno, han generado nuevas figuras digitales como el influencer, el copywriter, el ilustrador digital o el psicólogo en línea.

Asimismo, entre las imágenes digitales más comunes, cabe distinguir según su función y formato, los siguientes tipos:

Fotografías de exteriores

Hablamos de fotografías como aquellas que tienen de fondo el parque de atracciones Disneyland o las cataratas del Niagara y que a menudo van acompañadas de personas retratadas que están veraneando. Son fotos de exterior, donde el contexto que envuelve la imagen es muy importante.

Sin embargo, son fotografías que a pesar de su contenido documental, forman parte de aquello que Baudrillard llama espacios de simulación. Pues la realidad que testimonian, es una realidad modificada. En palabras del mismo autor, un sitio como Disneyland no es solo un lugar recreativo si no una pequeña ciudad pensada más allá del entretenimiento.

Disneyland crea la ilusión de que la ciudad está fuera y el ocio dentro de este espacio recreativo, pero la idea que está en juego es que quizás la ciudad debe ser pensada como espacio de recreación. También otros espacios, pueden ser pensados siguiendo esta lógica. Aquello que debemos pues tener en cuenta es el carácter dual de la fotografía de exterior.

La fotografía de exterior, muestra por un lado un espacio, pero al mismo tiempo nos elude a otro de simbólico. Y desde nuestra condición posmoderna, es su carácter simbólico el que domina por encima del documental. Hoy en día, si alguien va a las cataratas del Niagara y toma una foto, en la mayoría de los casos lo que la imagen representa es más de lo que vemos a nivel documental.

Fotografías bodegones

En lo que se refiere a su opuesto, la fotografía en primer plano, cabe destacar la fotografía bodegón. Hablamos de un tipo de fotografía con un parecido razonable con otras formas de representación.

En sus inicios, las fotografías bodegones eran mayoritariamente odiadas por la mayoría de la población por ser consideradas demasiado vulgares. Sin embargo, algunos internautas posteriormente, empezaron a percatarse de que este nuevo hábito que había adquirido el público frente a la cámara de fotografiar, no era muy distinto al de los pintores de siglos pasados cuando realizaban bodegones de las cosas que tenían enfrente.

Si bien, su homólogo antiguo no buscaba despertar el glamour en este tipo de composición artística, algunas veces dichas composiciones servían para resaltar la belleza de lo que se retrataba. Era pues más una cuestión de técnica y perfección artística, que de ostentación social. Pero hoy en día, el gesto es diferente al de estos tiempos pasados. La instantaneidad del registro fotográfico, desprovisto de su componente artístico, y su uso expositivo en redes sociales, hacen de este tipo de fotografías un signo de distinción y exclusividad entre sus internautas. Como consecuencia, hoy en día se busca crear una fotografía bella que apele a este uso social de distinción.

Selfie o autorretrato

El autorretrato o selfie es un tipo de fotografía que se empezó a popularizar con una red social llamada MySpace en los años 2000. Sin embargo, innovaciones tecnológicas como la invención de la cámara frontal y la irrupción de nuevas aplicaciones móviles como Instagram y Snatchap, hicieron que se popularizaran de nuevo los autorretratos en el año 2010.

La palabra selfie viene de la forma pronominal inglesa self, que quiere decir yo. De forma que selfie vendría a ser una forma de decir yo, sin necesidad de adjuntarlo a un pronombre de persona como you or me (creando los términos yourself y myself). En su aceptación cultural, y debido a su uso frecuente en el mundo digital, la palabra selfie vendría a decir directamente yo-foto o autorretrato.

El autorretrato es una foto que no testimonia por lo general un momento especial, sino que sirve para retratar a las personas en diferentes contextos sin que la escena en cuestión sea especialmente importante.

La rapidez con la que se puede captar y la facilidad técnica que implica su registro, hace que sea muy popular y haya una gran circulación de este tipo de fotografías en el banco de imágenes de Internet.

Meme

Hablamos de un tipo de fotografía que sería autoreferencial, que participa del metalenguaje y que es de clave humorística y/o satírica. Este tipo de imágenes empezó a circular en forma de dibujos caricaturizados que representaban diferentes reacciones frente a situaciones de la vida cotidiana. Con el tiempo, estos devinieron muy reconocibles y se empezaron a caracterizar por otros rasgos compositivos. Aunque en un primer momento su contenido era una forma claramente humorística y desenfada de enfrentar los retos del día a día, poco a poco fueron convirtiéndose en imágenes con mayor número de referencias culturales y mayor presencia de contenido crítico.

Así pues su carácter costumbrista, dió lugar a un humor donde se ponía más en el foco cuestiones culturales del imaginario colectivo o contradicciones sociales de la sociedad actual. Con el tiempo su complejidad, ha generado diferentes formatos y géneros de memes, siendo aún muy prolífera la creación de nuevas categorías. A veces los memes son tan complicados que si no se tienen las referencias culturales adecuadas, es muy difícil su comprensión.

Es, por otra parte, una forma de fotografía opaca, que no quiere ser interpretada históricamente pero que, sin embargo, ofrece una interpretación histórica a un conjunto de ideas y valores que conforman la actualidad.

Hablamos también de un tipo de contenido crítico con el mismo medio que lo produce, la sociedad posmoderna, pues muy a menudo hace crítica de la contemporaneidad y todo lo que ella implica, como por ejemplo la tecnología. Hay, en términos generales, una negación respecto de la idea del progreso, o si más no una burla de sus consecuencias en la actualidad. Critica los valores morales del s. XX y principios del milenio que apelaban a la estabilidad, la abundancia y la esperanza respecto al futuro. Pues son discursos que son vistos como mitos del pasado. Hay pues, como dice Habermas, una incredulidad o descrédito respecto a los grandes relatos de la historia que nos explicaban.

Banco de imágenes

Las fotos de archivo son fotos del pasado que han sido almacenadas en la red de internet. Su uso dista en muchas ocasiones del simple documental, pues sirve a menudo para documentarse sobre acontecimientos pasados pero, en otras ocasiones, sirve también para crear otras imágenes, como por ejemplo collages. Su uso a veces también persigue finalidades estéticas, como vemos en la impresión de fotografías en camisetas y tazas.

Hay aquellas que están en el centro de la cultura y la tradición del momento y que son conocidas por todo el mundo, como La Mona Lisa o la guerra del Vietnam como primer conflicto bélico televisado, mientras que hay otras más periféricas que forman parte de la deep web y que no resultan tan conocidas para la mayoría de las personas, a no ser que se viralicen.

A lo largo de la historia, imagen y letra han ido alternándose en su importancia. Podría ser pues que esta sea una sociedad de la imagen, contradiciendo quizás la creencia que solo las civilizaciones primitivas son más visuales que las modernas.

¿Pero qué implica esto en lo que se refiere al individuo posmoderno? ¿Ha vuelto el hombre civilizado a la prehistoria? Sería necesario, una exploración mayor para poder establecer cuáles son las perspectivas para esta nueva sociedad visual. Puesto que debemos entender que la irrupción de las nuevas tecnologías, no la hacen igual a como era antes.

Por una parte, la fotografía como la conocemos hoy en día, genera nuevos patrones de consumo, interviene en como nos involucramos en cuestiones de Estado, tiene su capital simbólico en la economía global e influye a pequeña y gran escala en sectores como el de la moda.

Como vemos, su campo de influencia es muy amplio. Pero cabe destacar también su participación en lo que Gilles Deleuze llama la sociedad del espectáculo, una sociedad de los mass media, donde todo aquello que es audiovisual es muy importante.

Quizás lo que falta por preguntarnos, a nivel personal, es como nos afecta a nosotros particularmente la imagen digital en nuestra cultura. Quizás, sea el primer eslabón donde podemos generar un impacto si queremos participar de su cultura.

Quizás deberíamos plantearnos porqué hacemos fotografías y en que contextos, qué tipo de contenido visual y audiovisual consumimos y qué realmente nos gustaría ver y transmitir y porqué.

La fotografía tiene un poder que la palabra no tiene, la inmediatez. Debemos pues ser conscientes de su eficacia como medio de difusión educativo y formativo y utilizarla sabiamente para transmitir mensajes claros y directos.

Su futuro es por el momento una curva exponencial que nos muestra su gran peso en nuestra sociedad. Quién sabe, cuando y cómo, el logos volverá a imponer el poder de su cátedra o si quizás los tiempos futuros tratarán de conciliar ambas corrientes culturales para crear una sociedad más heterogénea y diversa que la actual.


Imagen de tookapic

M
hace 1 año

Me ha gustado muchísimo, ni me imaginaba que el tema fuese tan profundo ni diese para tanto análisis. Felicidades.

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