Definitivamente, muy pocos años de cuantos nos ha tocado vivir han sido marcados tan poderosamente por un suceso como lo ha sido el 2020, marcado por esta pandemia.

El año empezó en nuestros países de occidente con las noticias de una enfermedad mortal y contagiosa que recién se desarrollaba en China y que tenía probabilidades de alcanzarnos en algún momento, probabilidades que se tomaban con cierto pánico por parte de algunos y con indiferencia e incredulidad por parte de otros más.

El año cierra, en cambio, con las noticias de diversas nuevas vacunas que, en teoría, serán la solución. Un año de temor y zozobra, de enfermedad y muerte, de crisis existencial y económica, que parece irse, dejándonos la promesa de llevarse toda nuestra intranquilidad y nuestra preocupación. ¿Es así de sencillo?

Hemos leído y escuchado decenas, tal vez cientos, de teorías de conspiración que nos decían, por un lado, que la enfermedad no existía, por otro, que había sido creada por intereses ocultos de muy diversa índole: económicos, políticos, sombríos; que había sido artificialmente fraguada por parte de gente que se quería enriquecer, por parte de países que querían dominar al mundo, de personas u organismos que nos querían subordinar implantándonos chips en las venas.

Escuchamos que la enfermedad se curaba con remedios caseros, con amuletos o con medicinas de patente. Todas las teorías inquietantes para mucha gente, todas las teorías absurdamente contradictorias entre sí.

La pandemia enfermó a algunos y sumió a muchos más en profundas depresiones. Se llevó a gente querida y cercana, canceló fiestas y reuniones, desestabilizó empresas y trabajos, arruinó planes, sueños y proyectos, apagó la alegría de vivir de incontables personas y familias.

Definitivamente se ha hecho sentir en nuestra sociedad y llegó para cambiar, para bien o para mal, en gran parte, nuestra percepción de todo lo que nos rodea.

En fin, 2020 ya está fuera de nuestro radar y nuestros ojos y nuestra expectativa se dirigen ahora hacia este naciente 2021.

Se habla del cierre de un ciclo, de la llegada de las nuevas vacunas salvadoras, de una nueva mentalidad que ha llegado al mundo a partir de que el año cambió uno de sus dígitos.

Aquellas personas con un “pensamiento mágico” que esperan que las cosas cambien de un día para otro, por medio de actos o decisiones sobrenaturales o fantásticas de alguien más, de alguien que tiene esa varita mágica que todo lo puede cambiar, esas personas, esperan sentadas a presenciar las maravillas y los milagros por venir en este año. ¿Será así?

En mi caso, siempre he privilegiado el optimismo como la mejor forma de llevar esta vida, que de otra forma sería más complicada, como veo que lo es para algunas otras personas.

También creo, sin embargo, que es necesario siempre aplicar el sentido común y estar atentos objetivamente a todos los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor, para que nuestras experiencias tengan valor y peso en nuestra toma de decisiones.

Así, soy de los que no creen que una fecha mágica vaya a cambiar la realidad actual, la realidad en la que la pandemia nos ha situado.

De hecho, creo que nada externo lo hará, si no lo hacemos nosotros mismos, como colectivo, como sociedad.

Es decir, si queremos que 2021 sea mejor que 2020, esa mejoría tiene que pasar, definitivamente, por nuestro comportamiento personal y grupal.

Mientras no lo veamos así, seguiremos viviendo por muy largo tiempo en ese 2020 que creemos que ya hemos dejado atrás.

Los retos que nos trae 2021 no son menores: si bien ya empiezan a llegar vacunas aprobadas por las autoridades sanitarias, hay que considerar, en principio, que estas vacunas se hicieron en tiempos record.

Para desarrollar una vacuna siempre han sido necesarios años de estudios y pruebas, estas han estado listas en menos de un año, habiendo sido probadas por métodos científicos, pero sí, en todo momento contra reloj.

Superemos, de cualquier manera, las dudas y suspicacias que la premura de las vacunas pudiera despertar y enfrentémonos ahora con el problema logístico de vacunar a la población mundial.

Supongamos también que los laboratorios fabricarán las vacunas en tiempos record y solo enfoquémonos en su distribución y aplicación.

Para empezar, esta labor logística va a tener que ser implementada en muchos casos por los gobiernos que, en gran medida, han manejado de pésima manera la pandemia: desde desconocer la existencia del virus, minimizar su fuerza de contagio, mencionar, en un principio, que esta enfermedad afecta únicamente a gente de edad avanzada o de determinada clase social, proponer amuletos para evitar los contagios, llegar a plantear que no nos privemos de los abrazos y del contacto físico, alentar también a la gente para que no deje de salir.

De todo esto y de una larga lista de etcéteras me ha tocado ser testigo, por lo menos en mi país, que tiene el dudoso honor de encontrarse entre las naciones con más muertes por habitante.

El reto más grande, si es que estamos viendo en las vacunas la solución al problema de la pandemia, es vacunar a la población.

En México, siendo que hay cerca de 130 millones de habitantes, si de esa cantidad restamos a los niños y consideramos que cada adulto debe recibir dos dosis, una simple operación matemática nos dice que será necesario aplicar más de 500,000 dosis, cada día, para vacunar a esa gran parte de la población en el transcurso de todo un año.

Los cálculos que ha externado el gobierno, la cantidad de profesionales capacitados en el sector salud y la ineficiencia de los sistemas de distribución y aplicación mostrados en este inicio, nos dan expectativas alarmantemente inferiores. Y en otras partes del mundo la situación no es muy diferente.

No hablemos ya de la aparición de nuevas cepas, de nuevos virus o de nuevas enfermedades, los cuales traerán consigo mismos, otros retos iguales o mayores.

La intención de mi análisis y de mi comentario, sin embargo, no es difundir el desánimo o el pesimismo, sino todo lo contrario: plantear a que nos dediquemos a desarrollar un optimismo activo, comprometido.

Hay muchas otras posibilidades de escapar de esta crisis, como lo sería el posible descubrimiento de medicinas que alivien o disminuyan los efectos del virus, por ejemplo, pero creo que no debiéramos esperar a que un solo evento, como la aparición de las vacunas, o un solo cambio de número en el nuevo año, vengan a solucionar nuestras crisis sin tener que aportar nosotros ningún esfuerzo o compromiso.

Deseo, sí, que 2021 sea para todos el año del despertar y de nuestra revancha personal; un año de amor, de amistad, de esfuerzo, de resiliencia; un año que finalmente sea recordado para bien. Hagámoslo así.

O
hace 11 meses

Muy buen artículo, coincido contigo en los buenos deseos y en privilegiar el Optimismo como la mejor forma de llevar esta vida, no solo la pandemia, sino todo. El mundo o la gran mayoría tiende a ser negativos y alarmistas en casi todas las áreas de su vida. Te felicito, muy claro de entender el artículo y respetables tus opiniones, saludos y bendiciones! ♥

P
hace 11 meses

Muy ligero y suave lectura, reflexivo y además constructivo.

Felicidades

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