Este retiro forzado ocasionado por un virus microscópico que ha resultado ser mortalmente dañino y altamente contagioso, y que ha venido a trastocar nuestras vidas en todo el mundo, poco a poco nos ha estado instalando en una “nueva realidad”, con nuevas normas, nuevas costumbres, nuevas premisas, nuevas formas de percibir nuestro entorno.

Todos, de una u otra manera, hemos sido afectados, desde las personas cuyos hábitos de vida han sufrido alguna modificación en sus formas o en sus rutinas, hasta aquellas que han tenido cambios dramáticos, bruscos, determinantes, como la pérdida de un empleo, de su patrimonio o, mucho peor aún, de uno o varios de sus seres queridos, incluyendo aquellos que eran su principal sustento.

Quienes hemos sido afectados tan solo en nuestros hábitos, somos muy afortunados, y aun así no es raro ver a alguna de estas personas quejarse amargamente de no poder ir a una fiesta, a unas vacaciones o a un gimnasio. Muy difícilmente podríamos, más allá de nuestra experiencia, imaginarnos lo que ha representado para muchas otras personas una pérdida mayor.

Como en toda crisis, especialmente en tiempos como estos, se revelan los valores personales, familiares, de un grupo o de una sociedad completa. De esta forma, aparecen o sobresalen verdaderos “héroes” que vienen a ser baluartes fundamentales de la comunidad. De algunos de ellos no nos parecerá extraño, ya que en otras ocasiones su conducta nos ha hecho esperar comportamientos así. Otros descubrirán, dentro de sí mismos y de su personalidad, esos valores que esperaban una oportunidad así para manifestarse. Unos más, viendo en peligro extremo sus circunstancias o las de su familia, ya sea por motivos de salud o económicos, sacarán fuerzas de donde no las había para seguir peleando para sostener a sus seres queridos.

Estos son los héroes, nuestros verdaderos héroes. Su gran superpoder, el amor: por sí mismos, por sus familias, por sus vecinos y amigos, por su sociedad.

Así, vemos en esas legiones arriesgando su salud, a médicos, enfermeros, personal hospitalario de apoyo, educadores, empleados de farmacias, de mercados y supermercados, choferes de todo tipo, campesinos, personal que participa en las cadenas productivas de comestibles y otros insumos necesarios, etc., etc., la lista es interminable… Pero también vemos a aquellos que vivían al día y, habiéndose quedado sin sus trabajos o sus formas de sustento, se han tenido que reinventar buscando desesperadamente nuevos trabajos, nuevas ocupaciones, con una remuneración razonable o con cualquier tipo de remuneración, y hasta a veces sin tener la suerte de encontrar nada.

Hay también otros personajes en los que a veces no reparamos y que están viviendo la crisis en circunstancias muy particulares. Me refiero a los hijos de estos héroes.

Los hijos de los héroes tienen su propio punto de vista con relación a esta crisis. Ellos saben, sin verlos, que sus padres médicos o enfermeros están arriesgando su vida y su salud en hospitales llenos de enfermos contagiosos. Muchas veces desde la casa de los abuelos, a donde han ido a quedarse para minimizar sus propios riesgos, ven solo a sus papás por videoconferencias con tiempos limitados para platicar con ellos sobre sus problemas cotidianos.

En las casas de las maestras, que se están acoplando a un nuevo sistema de clases a distancia, sus hijos se están teniendo que acostumbrar también a perder la primacía de la madre en casa, ya que ella tiene la responsabilidad de estar por zoom o por otros medios con un grupo de pequeños que les son desconocidos y que son esos “hijos” de su mamá-maestra que durante ciertas horas tienen prioridad, mientras que a ellos mismos se les brindará atención en los horarios disponibles. Esos niños saben, o aprenden, que su mamá está cumpliendo una nueva responsabilidad y lo aceptan; tal vez, en el mejor de los casos, con la ayuda del padre que ahora también trabaja desde casa, pero con la misma necesidad de dar preferencia a su trabajo.

También están los casos de los niños cuyos padres trabajan desde alguna trinchera donde tienen que atender al público y, por tanto, sus posibilidades de infectarse están latentes. Ellos también están al corriente de que sus papás son héroes, y que se tienen que proteger muy bien antes de abrazarlos o de tener ese contacto físico tan necesario y al que están naturalmente acostumbrados.

Como es sabido, cada situación positiva que se presenta en nuestra vida o en la de nuestra sociedad en general, conlleva la posibilidad de efectos colaterales negativos. Igualmente, cada crisis o situación indeseable presenta muchas oportunidades de crecimiento que pueden redundar en resultados positivos.

En este caso, los hijos de los héroes generalmente están teniendo que ceder convivencia y contacto muy valioso con sus padres, pero están logrando un aprendizaje muy importante que los debe marcar de por vida: están descubriendo que sus padres, con sus trajes cotidianos, esos con los que ya estaban acostumbrados a verlos, son unos héroes con más valentía y determinación que los que están acostumbrados a ver en las películas o en los videojuegos. El ejemplo que produce en la sociedad el comportamiento valiente y responsable de quienes actúan heroicamente, es mucho más determinante en sus hijos y en quienes los conocen de cerca.

Desde luego que nuestra sociedad también nos brinda ejemplos de egoísmo, de negación, de soberbia y prepotencia. Tal vez sea inevitable. Pero aún esos ejemplos servirán para contrastar la actitud de los padres-héroes ante los ojos de sus propios hijos y de toda la sociedad.

Dentro de lo doloroso que esta crisis sanitaria y económica ha sido para todos, vislumbremos con optimismo y esperanza, que en los hijos de estas heroínas y superhombres está sembrada ya la semilla que germinará un día en nuevos héroes, de esos que nuestro mundo necesita urgentemente. Después de todo, ¿de dónde provienen estos héroes que la pandemia nos está haciendo descubrir? ¿No será acaso que su comportamiento procede de otros héroes, que desde hace tiempo ya han estado o estuvieron cumpliendo bravamente su misión? También habría que hablar entonces de los padres de los héroes.


Imagen de mohamed Hassan

A
hace 1 año

Felicidades! Articulo serio y oportuno, con importante mensaje de nuestra actual y futura realidad social. Esperanzador!

O
hace 1 año

Muy certero y actual artículo. Tantos héroes que han sacado adelante la familia enfrentando sus miedos y con muchos obstáculos. Solo queda tener un poco más de paciencia, aprender de estas situación y pedirle a Dios su ayuda. Felicito al autor, nos ha hecho reflexionar!

M
hace 1 año

Excelente artículo, gran análisis de la situación. Un placer leerte.

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