Es traumatólogo en el Hospital Arnau de Vilanova de Valencia y bajista en el divertido grupo musical La Pelona. Se formó en el Hospital Sant Joan de Reus, de Tarragona. Tras un master en Australia, trabajó su primer año como especialista en cirugía de rodilla en el Hospital General de Fuerteventura. Hace 3 años, cuando se vio totalmente capacitado y su jefe, el Dr. Julio Doménech, le propuso ir a cooperar con la ONG AVASSV (Asociación Valenciana de Asistencia Sanitaria y Social Voluntaria), a países sin recursos, su sueño por fin se hizo realidad. En ningún momento le pesó tener que pagar todos los gastos de su propio bolsillo y viajó sin pensárselo dos veces, aunque sabía que iba a ser muy duro. Estaba seguro de que se iba a enfrentar a los peores casos de su vida, pero siempre había tenido claro que quería, que podía y que necesitaba dar más aún en su profesión. "Cuando decides hacerte médico, siempre te mueve un impulso humanitario" dice Javi.

Javi Coloma interviniendo a un paciente

Javi Coloma interviniendo a un paciente

Como no podía ser de otra manera, dados sus horarios y las circunstancias, nos encontramos por videoconferencia para esta entrevista. Ya de entrada, me sorprenden su amplísima sonrisa y su mirada de puro entusiasmo. Me da por pensar que se deben a que le hace ilusión que le entrevisten, pero pronto resulta obvio que es su estado natural. Es un tipo alegre por defecto. Comienzo las preguntas por lo más palpable, los viajes en sí, y me encamino hacia temas más profundos: las dificultades y el trasfondo de la cooperación humanitaria.

¿Cómo se desarrolla cada viaje?

Pues, como a los países a los que vamos no tienen recursos ni instrumental, nuestras maletas se parecen a cualquier cosa menos a una maleta: placas, tornillos, clavos, yesos, vendas, etcétera y quizás alguna camiseta en algún rincón. Al menos así te aseguras poder operar, aunque no siempre es fácil pasar todo eso por las aduanas. A veces te ponen pegas, porque parece que llevas una ferretería en el equipaje. Por otro lado, mucho material se envía en contenedores directos al hospital donde vayamos a trabajar.

¿Cuánto tiempo soléis estar en cada expedición?

Los viajes suelen ser de dos semanas, porque más de dos semanas a ese ritmo, te volverías loco. Te levantas a las 6 de la mañana, a las 7.30 ya estás metido en faena y hasta las 9.30 ó 10 de la noche no sales del quirófano o de las consultas. Piensa que antes de que lleguemos, como muchos de nuestros pacientes no han podido ser valorados previamente por traumatólogos, la ONG recoge con furgonetas a todos los que necesitan visitar el hospital. Van a varios cientos de kilómetros a la redonda. Cuando llegas, encuentras una cola que va hasta donde no alcanza la vista, te sientas y comienzas a explorar a pacientes y ver qué se puede y qué no se puede operar. Así pasas los dos o tres primeros días, decidiendo y programando cirugías.

¿Es eso lo peor de cada viaje, los que no puedes operar?

Por supuesto. Es muy estresante, porque quieres ayudar lo máximo que puedas. El peor momento es cuando te das cuenta de que ya no hay tiempo físico para seguir operando a más gente, que te tienes que ir y que aún hay muchas personas que necesitan cirugía. Es una sensación que no se te va, que se queda siempre en ti, sobre todo cuando piensas en los niños. Ves lo que has logrado en otros niños, que de no caminar, de estar solos en sus casas, pasan a correr y jugar con sus amigos, y quieres hacerlo con todos.

¿Los que sí logras ayudar son, entonces, lo mejor de las expediciones?

Claro, recuerdo el caso de una niña de 8 años en Filipinas. Se había fracturado el fémur y no había consolidado, estaba suelto. La operamos y al día siguiente se puso de pie y se puso a caminar. Esa sonrisa de la niña, la mirada de los padres detrás, llorando como magdalenas... Eso se te queda muy adentro. La sensación de felicidad es brutal. A pesar de todo lo demás, es muy bonito, a mí personalmente me encanta y no quiero dejar de hacerlo, aunque sea muy duro.

Cuando hiciste el primer viaje, ¿pensabas que iba a ser algo puntual?

Yo tenía claro que quería hacerlo, aunque estaba a la expectativa de qué sensaciones iba a tener por lo que fuese a encontrar. Piensa que no todo el mundo está preparado, que a veces tus inseguridades se multiplican cuando llegas allí. Pero afortunadamente, a parte de que me encanta mi especialidad, me gustan muchísimo los retos y salir de mi zona de confort. Personalmente, esto es lo que me da la vida.

¿Sigues aprendiendo en cada viaje?

Creo que absolutamente siempre sigues aprendiendo en la vida, no creo que haya nadie que diga que lo sabe todo, y si fuese así, me parecería peligroso. Yo nunca dejaré de aprender y de explorar cosas nuevas. A veces, cuando te vas de cooperación, las circunstancias te empujan a rozar ciertos límites que en tu hospital, con todos los medios a tu alcance, nunca te tendrías ni que plantear. Eso es una lección constante y, en ocasiones, difícil de entender y explicar.

¿Mantienes el contacto con la gente que has tratado?

No sé otros compañeros, pero yo me intereso mucho por todo lo que he operado. Por una parte, siempre que voy, intento mantener una relación de amistad con todos los que trabajan a mi alrededor. De hecho mi chica y yo (ella es enfermera instrumentista y también vino a la expedición de Filipinas) mantenemos contacto con una chica de allí y con un médico de Camerún. A través de ellos, voy enterándome de cómo van algunos pacientes, pero en general es muy difícil saber de todos ellos, porque muchos viven muy lejos de los hospitales donde he cooperado y otros nunca vuelven. Procuro enterarme de si los casos más complicados necesitan cualquier cosa y así poder mandarles lo que sea.

Javi Coloma cooperando en África

Javi Coloma cooperando en África

¿Qué falla en este mundo para que necesitemos tanta cooperación altruista?

Es duro oírlo así, pero no creo que estemos tan mal como se pinta. Hay un libro de Hans Rosling, que se llama "Factfulness", que me recomendó mi jefe. Dice que, cuando te basas en los datos, ves que, por muy horrible que sea decir que hay un 4% de mortandad infantil en 2016, la comparación con hace 200 años es esperanzadora, ya que era de un 44%. En 1800, un 85% de la población vivía en circunstancias de pobreza extrema, frente al 9% en 2017. Cuando nos basamos en los datos, podemos permitirnos ser optimistas, pero es verdad que hay mucha gente, demasiada, viviendo en la miseria y eso sí que no se puede permitir.

Aunque mi especialidad siempre me ha resultado muy gratificante en general (con mis pacientes en España), desde que he empezado a hacer cooperación he sentido que de verdad tenía sentido lo que yo había estudiado. Eso no lo había experimentado hasta llegar a esos sitios, porque ahora me doy cuenta de que esa gente no tiene NADA, y si tú no vas a ayudarles, seguirán sin tener nada.

¿Te gusta que te llamen "héroe"?

La pandemia ha dado un giro (temporal, muy corto) a nuestra profesión, o a la imagen que se tiene de nuestra profesión. La sanidad pública, que es un bien absolutamente maravilloso que tenemos en nuestro país, y, sin duda (a parte de la educación), nuestro bien más preciado, no se valora. Quizás por ser gratuita, no lo sé. Entonces el problema es que, cuando pasa algo grave como ha pasado ahora, descubren que la primera línea somos nosotros, que tenemos una formación de las mejores del mundo y que estamos luchando por salvar un montón de vidas. Pero en 3 meses todo se va a olvidar y nadie se va a acordar de nosotros, de nuevo, y vamos a seguir siendo moneda de cambio de los gobiernos. Se llenan la boca (unos y otros) diciendo "qué gran sanidad pública", pero no se invierte en ella, todos estamos con contratos precarios, con sueldos congelados, hundiéndonos cada vez un poquito más. En 3 meses volverán las denuncias, las quejas, el "yo te pago tu sueldo" y seguiremos como estábamos. O peor, porque se nos han acumulado las cirugías y tenemos que hacer más turnos aún, sin coger vacaciones por si hay un rebrote.

Me gustaría pensar que ese reconocimiento que hemos sentido en estos meses difíciles, que se agradece, por supuesto, que es precioso, se podría transformar en algo más que premios. Lo que necesitamos son contratos dignos, plazas en propiedad, sueldos acorde al resto de la UE, material para protegernos cuando viene una pandemia, etcétera. Mi premio yo ya lo tengo con la felicidad que me da mi trabajo. No creo que sea un héroe, creo que hago mi trabajo.

¿Qué recomendarías a alguien que quiera hacer cooperación?

Lo primero y más importante es que conozca muy bien su especialidad, que sepa que le van a llegar casos muy complicados y que va a tener que afrontarlos sin dudar. No recomendaría estar por estar ni ir para aprender. Al menos no profesionalmente, claro.

¿Qué tienen en común el Javi músico y el Javi traumatólogo?

Sin duda, el punto común es la felicidad. Verás, cuando escuchas la música de La Pelona te das cuenta de que, a pesar del carácter desenfadado de las canciones, en algunas de las letras (como "Va a explotar") se nota un trasfondo de mis inquietudes por todo lo que veo como médico. Y en mi trabajo como traumatólogo, siempre que las circunstancias lo permiten, hay música a mi alrededor. Ambas facetas de mi vida me hacen muy feliz y me mueven a hacer lo que más me gusta, que es dar felicidad.

Cuando un médico coopera en países donde unos zapatos son un lujo y el agua corriente, un sueño inalcanzable, se puede decir que queda marcado a fuego por el resto de su vida. La reacción de algunos puede ser la de no volver a exponerse a esa realidad tan cruel. La de otros, como Javi, sin dejar de valorar lo que tiene cada minuto del día, es algo así como "¿cuándo puedo volver y seguir ayudando?"

E
hace 1 año

Hermoso! El ejemplo de este médico es digno de admirar, tiene el amor puro de Jesucristo en el desempeño de su labor.Bravo! Doctor.

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