Hemos vivido durante un largo tiempo momentos que indudablemente no olvidaremos. Hablamos de la totalidad de este año 2020 del que muchas familias aún no le ven el final. Incontables son aquellas que hoy no cuentan con uno o varios integrantes de la misma y hasta la fecha la cifra no nos miente.

Hoy día, millones seguimos durmiendo con el temor de formar parte de esa cifra cada día, aún siendo presos de todas las medidas de seguridad.

Lo cierto y lamentable es que se siguen perdiendo vidas por intentar pensar que este virus no existe. Entonces, evaluando las estadísticas  nos queda pensar únicamente en “o nos adaptamos, o nos dejamos ganar”.

A diario escuchamos historias de historias, situaciones que suenan a una telenovela muy trágica y que están mucho más cerca de ser la realidad de otras personas que cualquier cosa.

Por esa razón, no podemos dejar que este tiempo haga con nosotros lo que desee, debemos pensar siempre a la inversa de todas las cosas a nuestro alrededor y encontrar paz.

De cierta forma sabemos lo que el mundo está pasando y las circunstancias alarmantes que nuestros afectados han padecido. Por esa razón, ¿por qué no pensar en ser felices en estos tiempos?

Albert Einstein expresó que “en los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”, y aunque fue esta misma imaginación la que hoy nos tiene así, propongamos invertirla en otras cosas que no nos lleven a la extinción de nuestra raza.

Formemos parte de una resiliencia que pueda volvernos personas con nuevas ideas para mantenernos concentrados en nuestro bienestar del que podamos seguir viviendo en paz.

El ser humano, por sí solo, tiene el poder para evadir cualquier problema o amenaza colocando su atención en las cosas que es capaz de hacer y sabemos que podemos hacerlo. Es una frase que hace mérito a nuestros tiempos y que podría formar parte de la lista de slogan para nuestro, aun sin final, 2020.

Bien conocemos que es como pedirle a un niño que no toque algo, que previamente sabemos que aunque les digamos, la curiosidad lo llevará luego disculparse por hacerlo.

No podemos no sentirnos mal por todo lo que ha pasado y la verdad es que está bien. Lo que no es normal permitirnos hacer es sentirnos así todos los días de nuestros días.

Reinventemos la forma de adaptarnos a estas cuatro paredes que ahora son nuestras vidas.

Hemos visto como las personas del medio, poco a poco entendieron que debían de migrar sus ideas, su forma de trabajo, su día a día y saber sacarle provecho, así como reconocer que no podemos dejar que nuestros pequeños solo tengan una relación estable con sus clases en línea.

Hemos trabajado mucho para que el trabajo de otros perjudique el nuestro.

Evaluemos lo que como familia podemos llegar a hacer.

Concentremos la atención en lo que hoy puedo hacer por mí y los míos y olvidemos por un momento las noticias.

Distraigamos la mente de aquellos pensamientos que desembocan en malas ideas y construyamos cada día una acción que potencie las habilidades que sé que tengo dentro.

Ser feliz no cuesta nada, es gratis.

Pongamos atención a lo que nuestros pequeños desean y volvamos realidad, por muy fantasiosos que estos sean, los pensamientos de nuestros hijos.

Hagamos un día de tareas que no representen una obligación rigurosa o tediosa para los miembros de nuestra familia.

Convenzámonos que esta crisis no puede ser una crisis si nos olvidamos en mejorar.

Las videollamadas se han convertido al igual que el zoom y el home office en herramientas vitales para muchas personas. Sentir que las personas que conocemos siguen allí representa para nosotros una grandiosa idea al pensar que no estamos solos.

Constituyamos las buenas acciones que nos faltaron cuando todo comenzó, no perdamos esta batalla silenciosa de consecuencias irremediables que nos mantiene así.

Infinidad de ideas han surgido en medio de todo lo que hemos visto para sobrellevar los días, y ya muchas personas ayudan con el empoderamiento de las opiniones para construir, aunque sea pequeño. Grandes focos alrededor del mundo que ayuden a otros a salir de la depresión, el desempleo, desánimo e incertidumbre que cada quien siente. Son tiempos que no vamos a olvidar.

Ayudemos a ayudarnos para salir de la mejor forma de todo esto.

Si a cada acción le dedicamos poco o el tiempo que necesitemos darle, haremos que nuestro organismo funcione mejor, esa satisfacción de lograr por muy mínimo que sea una tarea, idea, trabajo o cualquier cosa, nos ofrecerá el bienestar y la felicidad de saber que a pesar de todo lo que el mundo está pasando, yo he logrado hacer algo para que esas opiniones, noticias o amenazas no afecten mi ánimo y con eso, lograr ayudar a otros que a diferencia de mí, no consiguen ver una bonita forma de despertarse cada día.

Existen actividades que de la noche a la mañana se volvieron el boom de todos los días. Nuevas maneras de trabajar, de socializar, de entretenernos, de aprender a no dejarnos atrás.

Para nadie es un secreto que hasta nuestros celebraciones han tenido que migrar a zoom. Nos hemos vuelto más expertos en las redes sociales y hemos conseguido sobrevivir sin los eventos que consideramos importantes, como las convivencias familiares, conciertos, partidos de juegos, quince años y reuniones escolares. Apostamos por incorporarnos a la internet y sus beneficios no solo a nivel de estudio, sino también cómo herramienta de negocio.

Claramente nos convertimos en los seres humanos sobrevivientes de una mala decisión que jugó a ser Dios.

Nos volvemos personas nuevas con una ideología muy distinta a la que antes de todo esto poseíamos.

Se han incrementado a niveles macros las visitas médicas y nuestra forma de ahorro y almacenamiento podrían jugar a ser mejor que las anteriores. Nos convencimos que la adaptación y el aislamiento sería la única cura contra el Covid-19. Decirnos adiós por una pantalla y simular abrazarnos son nuestras formas de aprecio hoy día. Seguimos siendo nosotros, solo que con nuevas habilidades y destrezas.

Poco a poco hemos ido evaluando a nivel de estudio lo que esta amenaza representa para nosotros pero, aunque la cura siga bajo evaluaciones, nosotros no podemos detener lo que somos.

Nos hemos vuelto adictos a las buenas nuevas para seguir haciendo lo que solíamos hacer. Ha sido un nuevo mundo desde aquel aviso en diciembre del año pasado. Nuestras costumbres, tradiciones, todo ha sido pausado para volverse a usar en otro tiempo, en uno donde esperamos todos que nos podamos abrazar.

Vivir con la idea de abandonar por un momento la forma en que coexistíamos, a muchos los ha llevado a desesperar y a no saber qué hacer ahora, a deprimirse y según algunas noticias, otros hasta han dejado de vivir.

Todo se ha convertido en lo que menos había pensado que podía pasar y no ha sido fácil. Lo que nos resta por hacer es seguir viviendo, mantenernos sanos, intentar no contagiarnos, ser prudentes, hacer lo que estemos haciendo con la mejor actitud, conseguir ante tanta oscuridad un poco de calma y felicidad.

Los médicos con el pasar de los años, y ha sido información con una procedencia más antigua que la del Covid-19, explican los beneficios múltiples que el estar feliz proporciona a nuestro cuerpo.

Alcanzar la felicidad no es cuestión de leer un libro de autoayuda o abandonar hábitos, simplemente es buscar en nuestro interior lo que nos gusta hacer, lo que nos mueve y disfrutamos realizar. Es sentirnos cómodos con lo que nuestro alrededor nos regala y mantenernos en concordancia con nuestras actividades diarias con esta idea, sin pensar que podemos estar haciendo algo mal.

Pero la realidad es que si algo mal sucede no pasará nada más que solventarlo, volver a la línea de ver las cosas de la mejor manera y mantenernos en ella.

El sentirnos bien y estar bien nos ayuda a disipar la ansiedad que a menudo sentimos cuando vemos que algo no lo apreciamos de la forma que mejor debería estar.

El volvernos más tranquilos al manejar las circunstancias potencia el sistema inmunológico que bien sabemos, es el que ha estado atacando a este y otros virus.

Ser feliz nos aleja del dolor, nos hace más jóvenes, nos vuelve fuertes, nada nos cuesta sonreír o al menos agradecer por al menos seguir vivos y mantener la salud que muchos otros quisieran.

Seamos amables con las personas que luchan a diario por mantenernos vivos en los hospitales.

Apoyemos a los que no han podido sonreír.

Seamos más humanos.

A lo mejor es una tarea que no todos poden lograr por sí solos o unos no ven apropiado por el hecho de lo que este virus les ha hecho.

¿Cómo decirle esto a las personas que han perdido un familiar?, ¿cómo lograr explicarles que lastimosamente estamos más propensos a enfermarnos cuando estamos tristes, que cuando no lo estamos?, ¿cómo hablarles?

El estar bien es un proceso que para otros dura un tiempo necesario para evaluar qué es lo que nos impide seguir.

Para otros, ese tiempo es aprovechado para reconocer dónde fallamos para no volver a caer en lo mismo.

Por esa razón, para conocer qué queremos hacer con ese momento, lo más recomendable es pedirle ayuda a un profesional.

Personas calificadas para apoyarnos en el transitar de estos momentos amargos y viéndolos o no desde este punto, es asistir para encontrar una manera de sentirnos mejor, de superar esta etapa y lograr una felicidad interior que nos permita seguir adelante.

Estar felices activa todo nuestro cuerpo, nos permite actuar de mejor forma intentando conseguir la salida ideal para responder a nuestro exterior, nos brinda la posibilidad de aventurarnos a nuevos retos e incursionar en otros que nunca antes habíamos logrado realizar.

Ser feliz nos motiva, nos reta a alcanzar cualquier cosa, no hay por qué no serlo, ni negarnos a sentirnos diferente al menos una vez. Estamos conscientes de lo difícil que es ver las cosas de mejor forma ahora, pero nada perdemos si lo intentamos.

Aceptemos este tiempo para mejorar como personas.

Aprovechemos estar juntos para disfrutar de los nuestros, para apoyarnos y brindar el hombro a los que no ven que no están solos.

Agradezcamos el seguir con vida y mantengámonos apegados a seguir los lineamientos dictados por las autoridades en salud para no recaer y/o conseguir no llegar a presentar algún síntoma.

Mantengámonos no solo a nosotros sino a nuestra familia protegidos y en constante aseo porque al protegernos y hacerlos con ellos, lo hacemos con todos.

Concentrémonos en hacer de esta cuarentena una estadía cómoda que no nos permita caer en desesperación.

Pensemos que es un tiempo en el que necesitamos vernos menos, tomar con calma las decisiones sin olvidarnos de nuestras obligaciones. Es descansar un rato todo lo que hemos trabajado por años, es velar mucho más a las personas bajo nuestro techo, es disfrutar de lo que no pudimos antes.

Es como meditar, poner en pausa todas nuestras aventuras que no es que ya no las queremos realizar, solo es que nos mantenemos pensando en una mejor y grandiosa forma para ir a por ellas con fuerza y mucho entusiasmo de pasarla increíble

Es con nosotros mismos la tarea de querer buscar una mejor salida en estos momentos difíciles.

No perder la cordura ya que sabemos que tarde o temprano esta cortina de humo se disipará a nuestro favor y podremos abrazar y tener más cerca a los que más queremos.

Aprovechemos cada momento que nos regala la vida manteniéndonos firmes y con la actitud para seguir dando lo mejor de cada uno, volvámonos portavoces y contribuyamos en ser esa mano amiga que otros necesitan.

Hagamos consciencia y pensemos en positivo, siempre hay algo que hacer.

Preparémonos para un tiempo diferente del que muchos sabemos que está muy pronto en llegar, uno del que todos ayudaremos a que no nos vuelvan a quitar.


Imagen de Helena Jankovičová Kováčová

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