A comienzos del siglo XIV, la pintura gótica se desarrolló en Italia con los grandes ciclos de frescos de Asís y de Siena. Esta pintura buscaba dar la ilusión de un espacio real, mezclando una intensa espiritualidad con una narración pintoresca.

A fines del siglo XIII, el surgimiento de poderosas órdenes religiosas, como las de los franciscanos, los dominicos y las clarisas, unido a la prosperidad de las ciudades italianas organizadas en pequeños estados, impulsó la construcción de nuevas iglesias que pudieran acoger grandes asambleas de fieles. La devoción a Cristo, a la Virgen o al santo patrono (cuyas reliquias eran cuidadosamente conservadas en un relicario) dio origen a una decoración refinada: retablos (la pala), vidrieras, mosaicos y esculturas.

Sin embargo, desde el siglo XIV la pintura mural aportó una visión más narrativa y naturalista de los pasajes bíblicos. Los artistas comenzaron a pintar grandes superficies murales empleando la técnica del fresco. Los relatos bíblicos (vida de la Virgen y de Cristo) o hagiográficos (vida de San Francisco, Santo Domingo y San Juan Bautista) tenían por objetivo educar a los fieles y a los religiosos. También se representaban las funciones de las instituciones religiosas (vocación caritativa, cuidado de los enfermos, acogida de los peregrinos y de los huérfanos).

En esta época también se desarrolló la decoración de las residencias privadas con ciclos de frescos. Los temas representados estaban siempre asociados a la vida del patrón. Daban testimonio de su devoción a un santo patrón (en el oratorio o en la capilla doméstica, como la capilla de los Scrovegni pintada por Giotto en Padua), evocaban el pasado glorioso de la familia (leyenda de los antepasados) o su relación con el transcurso del tiempo (ciclo de los meses y las estaciones).

La república de Siena se distinguió por la profusión de los decorados destinados a los edificios públicos. Ambrogio Lorenzetti ejecutó un extenso programa político y cívico titulado “Los efectos del buen y del mal gobierno”. Este ciclo contenía un mensaje que daba testimonio de la preocupación política por mantener el orden y la paz en una ciudad que se dedicaba esencialmente al comercio con Roma y el resto de Europa.

Una de las pinturas más famosas es la llamada “La Adoración de los Magos”, hecha por Altichiero Da Zevio entre los años 1380-1390. Esta pintura está hecha en fresco, y está ubicada en el Oratorio de San Jorge, Padua.

El encuentro entre Oriente y Occidente

Heredero de Giotto y de Paolo Veneziano, Altichiero Da Zevio alcanzó un sutil equilibrio entre los personajes y el paisaje, la ciudad fortificada y el horizonte montañoso. Pero el ciclo de frescos del oratorio de San Jorge es especialmente notable por su calidad narrativa. Altichiero relató una historia con muchos detalles naturalistas. En esta escena buscó representar el exotismo del cortejo de los Reyes Magos, en donde aparecen un dromedario y soldados con trajes turcos.

En esta época, Padua intentaba suplantar a Venecia en sus relaciones comerciales con el Levante. En este contexto político y comercial, la ofrenda de los Reyes Magos venidos de Oriente reviste una especial dimensión simbólica.

Otra pintura famosa es la titulada “La Ultima Cena” de Pietro Lorenzetti, hecha en los años 1320-1325. Ésta obra está hecha en fresco y la misma se encuentra ubicada en el Crucero Sur, Basílica Inferior, Asís.

Un homenaje a Giotto

Hermano de Ambrogio Lorenzetti, Pietro estaba profundamente marcado por la obra de Giotto, contemporáneo suyo. Su participación en la decoración de la basílica inferior de Asís refuerza este parentesco estilístico. Según la tradición iconográfica, la Ultima Cena se desarrolla en la noche, bajo un cielo estrellado.

Aunque la perspectiva del escenario arquitectónico es aún muy primitiva, Pietro supo dar una gran coherencia psicológica a este episodio, aislando a Cristo y a Judas en el centro de la composición.

La pintura de lo cotidiano, marginal pero más innovadora, la escena situada a la izquierda de “La Ultima Cena” (sirvientes ocupados en la cocina, cerca del fuego) denota un realismo cercano al estilo de Giotto. El pintor se atrevió a introducir una mayor libertad en el relato y en la composición.

En el “Quattrocento”, todos los edificios religiosos estaban decorados con frescos. Los más célebres son los de la capilla Brancacci en Carmine de Florencia (Masaccio y Masolino), los de la “Asunción” en el duomo de Prato (Paolo Uccello), los de la capilla de los Medici, llamada “de los Reyes Magos” en Florencia (Benozzo Gozzoli) y los de la iglesia de Arezzo (Piero della Francesca). Posteriormente, los ciclos (Vida de la Virgen y Vida de San Juan Bautista) realizados por Ghirlandaio en el coro de Santa María Novella en Florencia (1486-1490), marcaron el apogeo del género.

En Venecia, la utilización de la pintura al óleo sobre tela reemplazó al fresco. El ciclo de Santa Úrsula que pintó Vittore Carpaccio a fines del siglo XV es representativo de esta excepción veneciana.

Ciclo famoso si los hay es el titulado “Alegoría Del Buen Gobierno”, hecho por Ambrogio Lorenzetti hacia los años 1338-1340. El mismo está hecho en fresco y está ubicado en la Sala De Los Nueve, Palacio Publico, Siena.

Un programa político

En 1338, Ambrogio Lorenzetti recibió el encargo de decorar el Palacio Público de Siena, cuyos nueve miembros, que gobernaron de 1287 a 1355, mantuvieron la tranquilidad y prosperidad de una ciudad sometida a luchas internas. En los muros norte y oeste está representado el gobierno comunal que, bajo la égida del emperador de Occidente, dispensa los beneficios de su política sobre los ciudadanos y los campesinos.

La presencia de alegorías como la Templanza y la Sabiduría garantiza el éxito de esta gestión. Sobre el muro contiguo, bajo el imperio de Satán, los vicios como la tiranía y la avaricia encarnan las consecuencias desastrosas del mal gobierno sobre la población. Sobre toda la superficie aparecen inscripciones en lengua vulgar que aclaran la identidad de los personajes y comentan la representación.

Así como el ciclo llamado “Los Efectos Del Buen Gobierno En La Ciudad”, hecho por Ambrogio Lorenzetti hacia los años 1338-1340. El mismo fue realizado en fresco y está ubicado también en la Sala De Los Nueve, Palacio Publico, Siena.

Una dimensión humana

Contrariamente a muchos de sus contemporáneos, Ambrogio adoptó una visión panorámica, ocupando para la escena toda la pared. Pudo así introducir múltiples ángulos de vista y dar la ilusión de una circulación libre. Mientras que en esa época la arquitectura envolvía a los personajes, Ambrogio Lorenzetti innovó al situar en la misma escala a los habitantes, la arquitectura y el paisaje, preocupándose por crear la ilusión de un espacio real, pero, sobre todo, por dar a los ciudadanos de Siena una conciencia “patriótica” del contado (la ciudad y su extensión geográfica y económica en el campo).

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