'Las meninas'. 1656. Óleo sobre lienzo, 320,5 x 281,5 cm. (Museo del Prado - Sala 012).

Es posiblemente la obra más famosa de Velázquez y fue pintada casi con seguridad en 1656 en el Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid, donde el artista situó la acción del cuadro.

Excepto el guardadamas, todos los demás personajes del lienzo han sido identificados. La figura central es la infanta Margarita, a la que rodean una serie de servidores palaciegos. Las más próximas a ella son María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco, meninas de la reina.

A la derecha del cuadro se puede ver a los enanos Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato (que juega con un mastín) y detrás la dama de honor Marcela de Ulloa, junto a al guardadamas. Al fondo, asoma tras la puerta José Nieto, el aposentador real.

A la izquierda de la escena aparece trabajando ante un gran lienzo el propio Velázquez y en el espejo que está detrás de él se ven reflejados de medio cuerpo los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, padres de la infanta, como testigos de la escena.

Para las personas no iniciadas en los enigmas velazqueños, el significado de 'Las meninas' puede parecer simple: un retrato de grupo identificable llevando a cabo una escena cotidiana en un espacio concreto. Sin embargo, como era habitual en Velázquez, su mensaje va más allá.

Según los expertos, en esta escena en la que la infanta y los servidores interrumpen sus actividades ante la improvisada aparición de los monarcas, puede haber numerosos significados y enigmas que de hecho han dado lugar a multitud de interpretaciones.

El primero de estos enigmas puede muy bien ser la fecha en la que la obra está datada, hacia 1656. Esta fecha es bastante plausible si se tiene en cuenta que la infanta Margarita nació el 12 de julio de 1651 y la niña que aparece en el lienzo aparenta alrededor de cinco años de edad. Pero Velázquez aparece en el cuadro con la Cruz de la Orden de Santiago en su pecho, honor que le fue concedido el 29 de noviembre de 1659. Así, o bien la cruz fue pintada posteriormente por el artista cuando recibió la distinción, o bien esta fue añadida, una vez fallecido Velázquez (1660), por expreso deseo del rey.

Otra curiosidad sería el propio nombre del cuadro. Como 'Las meninas' se le conoce sólo desde el siglo XIX, ya que anteriormente se le denominó como 'La familia de Felipe IV' (según se describe en el inventario de 1754).

Aunque sin duda es un retrato de los denominados 'reales', no es el monarca el objeto central de la imagen, sino su hija la infanta Margarita y su pequeña 'Corte'. Al rey sólo se le intuye a través del espejo del fondo junto a la reina, lo cual, ha dado pie a múltiples interpretaciones.

No obstante, para algunos analistas de la obra velazqueña, el verdadero misterio estaría en lo que no se ve en el cuadro, es decir, lo que está pintando en el gran lienzo Velázquez.

Algunos autores piensan que el artista sevillano está llevando a cabo un retrato del rey y de su esposa, por lo que los monarcas reflejan sus rostros en el espejo. Sin embargo, Velázquez nunca pintó un cuadro de esas características.

Otros autores piensan que si se sitúa a los reyes en el mismo punto que ocupa el espectador y, por tanto, se verían así en el espejo de enfrente, lo que en realidad estaría pintando Velázquez sería el propio cuadro de 'Las meninas', o, rizando un poco el rizo, su propio autorretrato, aunque esto parece desmentirlo el hecho de que los cuadros que aparecen al fondo del lienzo no aparezcan invertidos.

También hay opiniones diversas sobre lo que Velázquez quiere o le han mandado que transmita en el cuadro.

Hay historiadores que apuestan porque el pintor sólo intenta mostrar una escena de la corte. O sea, un retrato familiar y una escena inventada con la que el artista quiso dar las gracias al monarca por confianza al ser nombrado pintor de cámara creando un bello cuadro para el rey.

Pero otros apuestan por la interpretación astrológica ya que Velázquez era conocedor de la astronomía y la cosmografía. La lectura no sería otra que dar el mensaje de la continuidad dinástica asegurada en la figura de la infanta ya que uniendo con una línea imaginaria el corazón, o las cabezas, de las que serían las cinco figuras principales (Velázquez, la menina Agustina Sarmiento, la infanta Margarita, la menina Isabel de Velasco y el aposentador José Nieto) se puede reconstruir el dibujo de la constelación Corona Borealis, cuya estrella central se llama Margarita Coronae, como la infanta que ocupa también el lugar central en el cuadro. En ese momento la hermana mayor de la infanta, María Teresa, ya estaba destinada a casarse con Luis XIV de Francia y Felipe Próspero, el heredero, aún no había nacido, por tanto, sería Margarita la legítima sucesora de su padre.

Por otro lado, también en este sentido, se dice que trazando un círculo imaginario entre estos personajes y añadiendo líneas hacia los personajes secundarios se obtendría el signo de Capricornio, que era el signo zodiacal de la reina Mariana de Austria. Así mismo, que la luz que penetra por las ventanas coincidiría con la fecha del 23 de diciembre de 1656, cumpleaños de la reina.

Pero también hay quienes manifiestan que 'Las meninas' fue pintado como una forma de reivindicación de la pintura como arte liberal. En ese tiempo los pintores luchaban porque se les desligase de la calificación de artesanos y se les adjudicara la de artistas. Por eso, tal vez, Velázquez intenta resaltar la confianza entre él y el monarca, primero, haciendo ver que pintaba en el despacho de verano del rey (Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid), pieza privada a lo que sólo entraban Felipe IV y sus más directos colaboradores, y segundo, reforzando la escena cotidiana con la presencia de los reyes agasajando al pintor yendo a verle pintar en su taller.

En el mismo sentido de la reivindicación del artista sobre el artesano, también se tienen en cuenta los dos cuadros que aparecen pintados en la pared del fondo. Ambos son de asunto mitológico (de Juan Bautista Martínez del Mazo, Minerva y Aracne, según Rubens, y Apolo y Marsias, de Jordaens) cuyos asuntos son la competición entre dos formas de arte, encarnada una en un dios y la otra en un mortal.

Se afirma que 'Las meninas' fue un cuadro que se realizó sin ninguna preparación previa y que la superficie del lienzo parece un revoltijo de pinceladas sin coordinación, como una anticipando la pintura impresionista, pero que sin embargo visto de lejos aparece todo en su sitio. Por otro lado, el juego de luces, penumbras y semi penumbras no es otra cosa que un desafío al naturalismo científico imperante en la época anterior.

Velázquez también crea magistralmente en este lienzo la llamada perspectiva aérea para dar profundidad a la escena, así como el efecto espacial para conseguir la sensación en el espectador de que la sala continúa en el cuadro.

Pero hay otros autores que van más allá y afirman que 'Las meninas' no sólo sería el fruto de la brillante imaginación, originalidad y virtuosismo de Velázquez sino también una transgresión de las reglas, es decir, que está proponiendo nada más y nada menos que una nueva manera de pintar y quiere reivindicarla poniendo a sus respetados pero eternos rivales, Jordaens y Rubens, (cuyos cuadros adornaban el taller donde él trabaja y que representa en su lienzo) como modelos a superar por él mismo y su nueva manera de expresar el arte.

Infanta Margarita de Austria, una esposa codiciada

La niña representada en 'Las meninas' por Velázquez, de unos cinco años de edad, es sin duda alguna Margarita María Teresa de Austria (1651-1673) que nació en Madrid fruto del matrimonio del rey Felipe IV de España con su segunda esposa, y sobrina, Mariana de Austria y, por tanto, hermana del que posteriormente sería el rey Carlos II con el que acabaría la dinastía de los Austrias en España.

A la edad de 9 años se convirtió en una pieza clave de la lucha por el poder de la Europa del momento para posibilitar la reconciliación entre las dos ramas de los Habsburgo, la española y la austriaca, distanciadas tras la Paz de Westfalia que daba fin a la Guerra de los Treinta Años.

Su matrimonio se convirtió, pues, en un asunto de suma importancia para el futuro de la monarquía, y por tanto, su mano en un bien muy cotizado ya que las potencias europeas buscaban posicionarse en el nuevo equilibrio surgido tras Westfalia. Muchos pensaban que quien se casara con ella acabaría heredando las vastas posesiones del rey de España.

Las presiones hicieron que tempranamente fuera prometida a su tío el emperador Leopoldo I, hermano de su madre Mariana de Austria. Pero el rey Felipe IV era totalmente consciente de la importancia del matrimonio de Margarita y dilató intencionadamente esta promesa nupcial a Leopoldo I con la esperanza de que, en caso de primera necesidad, es decir, la prematura muerte del débil Carlos, su hija heredara su trono.

Por ello, para asegurar los derechos de su hija, en el testamento de Felipe IV no se hace ninguna alusión al posible enlace de Margarita con Leopoldo I. Es más, Felipe IV establece en su testamento unas cláusulas que contemplaran todas las posibilidades de sucesión posibles. Según las mismas, la rama francesa quedaba completamente excluida de la herencia en virtud de la renuncia a sus derechos por parte de la infanta María Teresa, hija de Felipe IV e Isabel de Borbón, tras su matrimonio con el monarca francés Luis XIV, acordado durante la Paz de los Pirineos. En ningún momento Felipe IV contempló la posibilidad de que el monarca francés o sus herederos pudieran acceder a la sucesión de la monarquía hispánica en caso de muerte prematura de Carlos II. La herencia (en caso de muerte del joven rey) recaería en primer lugar en los sucesores de la infanta Margarita Teresa, después en los sucesores de su hermana María (en este caso Leopoldo I) y por último en los descendientes de la Casa de Saboya a través de la tía del propio Felipe IV, la infanta Catalina Micaela, hija de Felipe II.

Así, la infanta no dejó de ser, en potencia, una clara y destacada candidata a la sucesión de su padre en el trono desde su nacimiento hasta su matrimonio.

El matrimonio de la infanta con Leopoldo I sufrió varias demoras durante en vida de Felipe IV, ya que la posible muerte prematura del heredero universal, Carlos II, hacía posible la lucha encarnizada de las grandes cortes europeas por la vastísima herencia territorial de la monarquía española. De hecho, se pensó en casar a Margarita con Carlos II de Inglaterra para parar su matrimonio con Catalina de Braganza, casa real en ese momento enemiga de la española.

Pero Leopoldo I apremiaba al rey ya que le urgía el casamiento con Margarita Teresa por tres razones: la necesidad de un heredero; asegurar su candidatura a heredar la monarquía hispánica en caso del fallecimiento de Carlos II, pues Luis XIV, su gran rival, había conseguido contraer nupcias con la primogénita de Felipe IV, lo cual le convertía en el máximo competidor en la cuestión sucesoria; y, finalmente, porque el matrimonio con la infanta ayudaría a reavivar unas relaciones entre las dos ramas de la Casa de Austria.

Cuando Margarita tiene 14 años, y todavía su familia estaba discutiendo la conveniencia política de su matrimonio con el tío o con otro monarca, muere su padre el rey Felipe IV, al que se dice que la pequeña infanta se parecía físicamente y al que estaba tan unida que su muerte la dejó sin consuelo.

Finalmente, el matrimonio de Margarita, de quince años, con Leopoldo I, de veintiséis, se celebra por poderes el 25 de abril de 1666 en Madrid. La entrada oficial en Viena tuvo lugar el 5 de diciembre donde tuvieron lugar unos espléndidos festejos con motivo del matrimonio imperial.

Margarita de Austria es uno de los múltiples ejemplos de la endogamia generalizada que envolvía a la realeza europea de la época. Sus padres, por ejemplo, eran tío y sobrina, y ella misma contraería también matrimonio con el hermano de su madre.

Ello, no cabe duda, también influyó en su descendencia. A la edad de 15 años la ya emperatriz tendría a su primer hijo, Fernando Wenceslao (1667-68), que no llegó al año de vida. Dos años después vendría al mundo su hija María Antonia (1669-92), quien curiosamente sería prometida a su tío Carlos II, aunque luego no se llevó a término.

Posteriormente su hijo Juan Leopoldo (1670) que moriría al poco de nacer. Y finalmente María Ana (1672) que murió también al nacer y de cuyo parto fallecería, a consecuencia de las secuelas, la propia emperatriz Margarita a los 21 años de edad el 12 de marzo de 1673.

Los restos mortales de Margarita de Austria reposan en la cripta de los Capuchinos de Viena. Ella fue la última española en el trono austríaco, aunque no pudo conseguir el objetivo de ser madre de un heredero al trono.

Pero Velázquez no sólo retrató a la infanta Margarita en 'Las Meninas'. Existen multitud de retratos de ella realizados por Velázquez, tanto en el Museo del Prado de Madrid como en el Kunsthistoriches Museum de Viena. De ellos destacan obras como 'La infanta Margarita con vestido rosa', 1653; 'La infanta Margarita con vestido azul,' 1665; 'Retrato de la infanta Margarita a los 15 años', 1665 (la autoría de esta obra ha sido muy discutida, dudándose entre la mano de Velázquez y la de Juan Bautista Martínez del Mazo o una combinación de ambas, hoy los expertos se inclinan por ser la obra de Mazo). Otro destacado retrato de la infanta, atribuido tradicionalmente a Velázquez, ubicado en el Museo del Louvre de París ha sido recientemente puesto en duda por los estudiosos de arte en cuanto a su autoría se refiere.

Pero la infanta también fue retratada por otros artistas de la época, como el ya mencionado Juan Bautista Martínez del Mazo ('Retrato de la infanta Margarita con traje de luto', 1666) o los artistas austriacos Jan Thomas, Gerard Duchâteau, etc.

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