A fines del siglo XV, la sociedad europea inició una etapa de profundas transformaciones que afectaron las actividades económicas, la organización de los estados, las ideas religiosas, el modo de entender el mundo y la vida de los hombres.

Lentamente, el orden feudal comenzó a desintegrarse, al tiempo que se afirmaba una nueva organización económica y social.

A partir del siglo XV, la Europa feudal inició un proceso de recuperación demográfica, económica y de transformación cultural.

El crecimiento de la producción agrícola permitió el resurgimiento de las ciudades y la reactivación del comercio a escala mundial. La expansión ultramarina posibilitó el descubrimiento de un continente nuevo para los europeos, América.

La actividad mercantil los puso en contacto con zonas desconocidas. La extensión del horizonte geográfico permitió la confrontación de la cultura europea con otros modos de vida.

Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, Europa se fragmentó en un mosaico de reinos en los que la cultura romana se fusionó con la de los grupos de germanos que habían invadido su territorio.

En el siglo IX, Carlomagno, rey de los francos, logró controlar extensos territorios y, con el apoyo de la Iglesia Cristiana, se constituyó en el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

A su muerte, sus sucesores no lograron mantener el poder y delegaron la defensa del territorio y la protección de sus habitantes en funcionarios locales. Estos, poco a poco, se apropiaron de las tierras y ejercieron la autoridad sobre sus pobladores. Los campesinos no podían abandonar las tierras donde habitaban y debían pagar tributo a los señores.

Durante el siglo VII, grupos de beduinos nómadas de la península arábiga se unificaron en torno al islam, una nueva religión monoteísta liderada por el profeta Mahoma.

Sus seguidores, llamados musulmanes, tuvieron como centro religioso la ciudad de la Meca, ubicada en el territorio actual de Arabia Saudí. El islam comenzó a expandirse en el siglo VIII y llegó a controlar toda la cuenca mediterránea, desde la península ibérica hasta el Lejano Oriente.

En el siglo IX, el arte y la ciencia musulmanes tuvieron un período de apogeo. Posteriormente, el imperio no pudo mantener su unidad política y comenzó a resquebrajarse en reinos independientes y rivales.

Hacia el siglo XIII, los turcos mongoles provenientes de Asia lograron dominar a los demás reinos.

Luego de la caída del imperio romano de Occidente, el imperio romano de Oriente o imperio Bizantino se mantuvo. Desde Constantinopla, su capital, los Bizantinos prosperaron como intermediarios en el comercio entre Europa y Asia, aunque la sociedad siguió siendo fundamentalmente agrícola.

Los emperadores bizantinos tuvieron poderes absolutos y la Iglesia quedó sometida a su autoridad. Esta situación originó disputas con el Papa de Roma, hasta que, finalmente, en el siglo XI la Iglesia bizantina u Ortodoxa se separó de la Iglesia Católica.

Entre los siglos XI y XIII, la sociedad feudal de Europa Occidental vivió una etapa de crecimiento y expansión. El empleo de nuevas técnicas y prácticas de cultivo permitió a los campesinos obtener mejores cosechas. Terrenos deshabitados, bosques y pantanos fueron transformados en nuevas tierras de cultivo y, como consecuencia, la población aumentó.

Lentamente, las ciudades o burgos comenzaron a crecer y se fundaron nuevos núcleos urbanos, en los que se organizaron mercados y ferias permanentes para practicar el comercio. Las monedas de oro y plata empezaron a circular nuevamente, y en algunas ciudades surgieron los primeros bancos. Los habitantes de las ciudades, los burgueses en su mayoría artesanos y comerciantes, procuraron mantener su libertad frente a los señores feudales y lucharon para gobernarse de forma autónoma.

A partir del siglo XIII, los reyes comenzaron a recuperar la autoridad que habían perdido frente a los nobles y crearon nuevas instituciones de gobierno.

La gran expansión agrícola del siglo XI llegó a su fin a principios del siglo XIV. Los suelos ya no podían producir lo necesario para alimentar a una población cada vez más grande y no había nuevas tierras fértiles para cultivar.

Grandes hambrunas se extendieron por toda Europa. Sobre esta población, mal alimentada y débil, se abatió una terrible epidemia de peste negra, que se inició en las ciudades italianas en el año 1348.

Alrededor de 25 millones de personas, cerca del 40% de la población europea, murieron.

La gran mortandad provocó la caída de la producción y, en consecuencia, disminuyó la recaudación de los tributos. Los señores aumentaron entonces las cargas sobre la diezmada población rural. Muchos campesinos se negaron a pagar tributo y huyeron de los señores.

Al hambre y la peste se sumaron las guerras que los reyes y los señores feudales sostuvieron para ampliar sus territorios o establecer sus límites.

La más larga y costosa fue la Guerra de los Cien Años, en la que se enfrentaron los reinos de Inglaterra y Francia.

Las guerras trajeron más muertes, la destrucción de los cultivos, el aumento del gasto de los Estados y el incremento de los impuestos y las cargas feudales sobre los campesinos. El orden feudal entró en una etapa de profunda crisis.

A partir del siglo XV, la sociedad de Europa Occidental protagonizó importantes cambios en la organización de la vida económica y social. El orden que surgió con posterioridad a la crisis fue notablemente diferente del de la antigua sociedad medieval.

La expansión geográfica ultramarina puso a los europeos en contacto con culturas hasta entonces desconocidas para ellos, al mismo tiempo que impulsó el surgimiento de un mercado mundial.


Imagen de Rudy and Peter Skitterians

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hace 7 meses

Muy interesante el articulo sobre la historia de la europa feudal.

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